La inflación es el antagonista que se niega a abandonar el escenario. El seguimiento de la evolución de los precios es una parte importante del análisis económico para los participantes en el mercado y los responsables políticos. Sin embargo, medir el coste exacto de la vida en todo un país no es un simple ejercicio de aritmética. Requiere elegir una metodología. En Estados Unidos, esta elección se reduce a una historia de dos siglas: el Índice de Precios al Consumo (IPC) y el índice de precios del Gasto en Consumo Personal (PCE).
Para el observador ocasional, podrían parecer gemelos idénticos, ambos diseñados para medir la velocidad a la que nuestro dinero pierde su poder adquisitivo. Pero para la Reserva Federal, se trata de instrumentos distintos con características totalmente diferentes. Comprender las diferencias estructurales entre estos dos índices es fundamental para cualquiera que intente interpretar la política del banco central.
Los participantes en el mercado siguen muy de cerca los informes sobre la inflación. Comprender la metodología que subyace a estas medidas puede aportar un contexto adicional a la hora de analizar cómo responden los bancos centrales a los datos sobre la inflación: la opción popular frente a la opción profesional
El Índice de Precios al Consumo (IPC) es la estrella del calendario económico. Elaborado por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), aparece con frecuencia en los principales medios de comunicación, determina los ajustes del coste de la vida para la Seguridad Social y suele provocar la reacción más inmediata en los mercados de valores y de bonos.
El índice de gastos en consumo personal (PCE), publicado por la Oficina de Análisis Económico (BEA), es su homólogo más discreto y analítico. Rara vez aparece en la portada de un periódico de gran tirada. Sin embargo, desde el año 2000, la Reserva Federal ha declarado explícitamente que el índice PCE es su indicador preferido de la inflación. Cuando la Fed se refiere a su objetivo de inflación del 2 %, se refiere al PCE, no al IPC.
¿Por qué la Reserva Federal concede mayor importancia al índice PCE que al IPC, del que se habla más? La respuesta radica en los entresijos de cómo se elaboran estos índices.
El alcance: ¿Quién gasta el dinero?
La primera diferencia importante entre ambos índices es su ámbito de aplicación. Básicamente, miden cestas de bienes y servicios diferentes.
El IPC es un indicador relativamente limitado. Mide los gastos que los consumidores urbanos pagan directamente de su bolsillo. Si un consumidor utiliza una tarjeta de crédito para pagar una visita al médico, ese gasto se incluye en el IPC.
El índice PCE adopta una perspectiva más amplia. Mide todos los bienes y servicios que consumen todos los hogares, incluidos los de las zonas rurales, así como las instituciones sin ánimo de lucro que prestan servicios a los hogares.
Una de las diferencias fundamentales se da en el sector sanitario. El IPC solo tiene en cuenta las facturas médicas que el consumidor paga directamente, como los copagos o las franquicias. El PCE, en cambio, incluye los servicios de asistencia médica pagados en nombre de los consumidores. Esto significa que las primas de los seguros médicos patrocinados por las empresas, así como los pagos de Medicare y Medicaid, se tienen en cuenta en el cálculo del PCE, pero se excluyen del IPC.
Dado que la asistencia sanitaria representa una parte muy importante de la economía estadounidense, el PCE le otorga una ponderación mucho mayor que el IPC. En consecuencia, las fluctuaciones en las tarifas de reembolso de Medicare o en las primas de los seguros privados pueden tener un mayor impacto en los datos del PCE, mientras que su efecto en el IPC es más limitado.
La fórmula: el efecto de sustitución
La segunda diferencia, y quizá la más sutil, radica en las fórmulas matemáticas que se utilizan para agregar los datos. Es por eso que el índice PCE suele describirse como una medida más flexible
El IPC se basa generalmente en una fórmula de ponderación fija (Laspeyres). Esto significa que la cesta de bienes utilizada para calcular el índice se mantiene relativamente estable y solo se actualiza periódicamente.
El índice PCE utiliza una fórmula encadenada (modelo ideal de Fisher) que tiene en cuenta la sustitución de bienes por parte de los consumidores en tiempo real.
Esta es una distinción fundamental. En la vida real, si el precio de la carne de vacuno se dispara, los consumidores no siguen comprando la misma cantidad. La sustituyen por una alternativa más barata, como el pollo. La fórmula del PCE se ajusta automáticamente a este cambio de comportamiento, reconociendo que el consumidor ha modificado su gasto para mitigar el aumento de precios. La fórmula del IPC tarda más en reconocer esta sustitución, ya que da por sentado que el consumidor sigue comprando obstinadamente la cara carne de vacuno.
Dado que el PCE tiene en cuenta este efecto de sustitución, suele registrar una tasa de inflación ligeramente inferior a la del IPC. La Reserva Federal prefiere este enfoque dinámico, ya que se considera que refleja de manera más amplia el comportamiento de los consumidores.
La ponderación: datos de encuestas frente a ingresos empresariales
Incluso cuando ambos índices miden la misma categoría, suelen asignarle un nivel de importancia diferente. Esto se conoce como el «efecto de ponderación».
El IPC determina sus ponderaciones principalmente a través de la Encuesta de Gastos del Consumidor, una encuesta detallada de hogares en la que los particulares informan de sus hábitos de gasto. El PCE, por el contrario, basa sus ponderaciones en datos empresariales exhaustivos extraídos de las Cuentas Nacionales de Renta y Producto.
Esto da lugar a disparidades notables. El ejemplo más conocido es el de la vivienda. Dado que el IPC se centra principalmente en los gastos directos de los consumidores urbanos, el coste de la vivienda representa aproximadamente un tercio de toda la cesta del IPC. En el índice PCE, la vivienda tiene un peso significativamente menor, ya que el PCE incluye muchos otros gastos indirectos, como la asistencia sanitaria pagada por el empleador a la que se ha hecho referencia anteriormente.
Esto significa que, si los precios de los alquileres aumentan de forma significativa, el IPC podría subir de manera más notable. El PCE también podría subir, aunque el impacto podría ser menos pronunciado debido a su estructura de ponderación más amplia. Centrarse en un único indicador, como el IPC, puede ofrecer una perspectiva diferente de la inflación en comparación con la visión más amplia que refleja el PCE.
Datos subyacentes frente a datos generales
Tanto el IPC como el PCE se publican en dos formatos: «general» y «básico».
El índice general incluye todos los productos de la cesta. El índice subyacente excluye los precios de los alimentos y la energía. El razonamiento es que los precios de los alimentos y la energía son notoriamente volátiles y suelen verse afectados por perturbaciones externas —como una sequía que destruye las cosechas o tensiones geopolíticas que interrumpen el suministro de petróleo— más que por la inflación económica estructural.
La Reserva Federal presta especial atención al índice PCE subyacente. A menudo se considera un indicador clave de la tendencia subyacente de la inflación. A la hora de decidir si ajustar los tipos de interés, el índice PCE subyacente es uno de los indicadores que se tienen en cuenta a la hora de evaluar las tendencias de la inflación y las posibles decisiones de política monetaria.
Conclusión: Comprender el doble mandato
Para los participantes en el mercado, comprender la diferencia entre el IPC y el PCE no es solo un ejercicio teórico. Puede proporcionar un contexto útil a la hora de interpretar las reacciones del mercado
El IPC suele publicarse a principios de mes, antes que el PCE. Debido a su notoriedad y a su publicación anticipada, el IPC suele asociarse con una volatilidad a corto plazo en los mercados tras su publicación. Un dato del IPC superior a lo esperado puede provocar una caída de los mercados bursátiles, ya que los participantes en el mercado ajustan sus expectativas en torno a las posibles respuestas de política económica.
Sin embargo, las decisiones de los bancos centrales suelen basarse en una serie de datos, más que en un único indicador. Es posible que esperen a que los datos del PCE confirmen o refuten esa interpretación. Si el IPC se muestra al alza pero el PCE se mantiene moderado (quizás debido al efecto de sustitución o a ponderaciones sectoriales diferentes), la Fed podría optar por mantener su orientación de política monetaria actual.
Las relaciones de mercado son dinámicas y pueden cambiar con el tiempo, y una fuerte correlación entre estos índices en un ciclo económico puede divergir en otro. Al reconocer que la Reserva Federal da prioridad al PCE —más amplio y dinámico— frente al IPC —más limitado y estático—, se puede llegar a comprender la política monetaria con mayor matiz. Aunque el IPC suele recibir mayor atención mediática, el PCE desempeña un papel fundamental en la forma en que se evalúa la inflación en los debates sobre política monetaria.
Último recordatorio. El riesgo nunca descansa: la inversión conlleva riesgos y puede no ser adecuada para todos los inversores. Este contenido tiene fines exclusivamente educativos e informativos y no constituye un consejo de inversión ni una recomendación.

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